Historias morbosas de discoteca

No puedo decir que he estado particularmente interesado en ligar en las discotecas porque siempre he pensado que allí no es posible encontrar al amor de tu vida, también soy un chico gay con mucho orgullo y soy de los chicos a los que les gusta currárselo cuando conquista a un hombre.

Pero entonces un buen amigo me dijo que salir el viernes a una nueva discoteca que habían abierto cerca de donde vivimos y que prometía encontrar a tu media naranja, de lo contrario te devolvería el precio de la entrada. Obviamente era un gancho publicitario, pero era muy bueno y decidí ir a dar una vuelta para ver lo que pasaba puesto que aquel día me encontraba especialmente cachondo y excitado. Previamente habíamos estado bebiendo por los pubs de la zona y la verdad es que nos pasamos bastante aunque no hasta el punto de ir por los suelos, pero si llevábamos una borrachera importante.

Entramos en la discoteca y para mi sorpresa era de “ambiente”, es decir, solo habían chicos y no de estos viejos babosos que van a ver lo que pillan, eran chicos jóvenes y guapos que parecían sacados de un anuncio, por lo que presentí que aquella sería una gran noche. Nos tomamos una copa mientras nos deleitábamos con esos tíos musculosos y guapos bailando y restregándose en medio de la pista. Finalmente decidimos entrar en una de las habitaciones que habían para tener sexo gay gratis y nos instalamos en la semioscuridad porque estábamos algo cortados ya que nunca habíamos tenido una experiencia de este tipo.

Habían unas 20 personas participando en diversas actividades sexuales en aquella sala y nosotros allí sentados con cara de circunstancia. Encontramos una esquina y empezamos masturbarnos para no desentonar y porque estábamos calentísimos y a los pocos minutos éramos uno más y nos habíamos fusionado con aquel grupo de tíos salidos; me hacían sexo oral, yo se la chupaba a cualquiera que pasara, metía mano a diestro y siniestro y en definitiva estaba disfrutando de lo lindo.

Las reglas fueron claras desde el principio: Usted debe pedir siempre permiso para participar, ya sea expresa o implícitamente, teniendo en cuenta que “no” significa claramente que no quieren nada con usted. Pero, por supuesto, el “no” es una palabra que no suele estar en el vocabulario de muchas personas puesto que tampoco nuestros clientes son muy exigentes. Con un gesto inconfundible, un chico me pidió permiso para estar más cerca de mi. Antes de que pudiera recordarle la obligación de utilizar un condón, él me mostró que ya tenía una en su mano. Se lo puso y directamente me bajó los pantalones del todo, me puso vaselina y empujó la cabeza de su pene en mi ano hasta que finalmente entró hasta el fondo.

Después de unos minutos haciendo de pasivo aquel chico eyaculó y a los dos minutos ya me estaba comiendo la boca con otros dos tíos mientras que mi amigo hacía lo propio y nos mirábamos sonrientes por la dantesca escena. Después le perdí la pista y al cabo de una hora más o menos lo encontré en otra habitación, mi amigo le estaba haciendo una mamada a pelo a otro hombre, así que yo me animé y empecé a comer su polla, jamás lo había hecho pero aquel día valía todo y el secreto quedaría entre nosotros.

Cuando esto sucedía tenía manos por todos los lados de mi cuerpo y me introducían dedos y pollas mientras que yo tan solo me limitaba a gozar como una perra. Después de correrse de una forma brutal, mi amigo se levantó y bebió más whisky, entonces empezó a hablar con un hombre que le dijo que él estaba tratando de contener la eyaculación durante el mayor tiempo posible, pero que cuando aquella noche tuvo relaciones sexuales con él se le hizo muy difícil.

Mareado por el alcohol y después de haber perdido la cuenta de cuantas veces eyaculé, me comí una polla y me penetraron analmente, decidí marcharme de allí porque había tenido suficiente, pero sin duda mi visión respecto a la pareja y el sexo gay cambió radicalmente desde ese momento y vivo mis relaciones con muchísima más intensidad.

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