Otra noche loca en un local gay

Después de la noche tan excitante que pasé en la discoteca y que ya conté en mi anterior post, debo reconocer que me estaba empezando a picar el gusanillo de probar otra vez, porque pocas veces lo había pasado tan bien teniendo sexo desenfrenado pero a la vez en un sitio de ambiente. El amigo que me acompañó la vez pasada no se encontraba en la ciudad en esos momentos, pero después de pensarlo bien decidí que era lo mejor, ya que estaba un poco cortado por el encuentro que habíamos tenido casi sin pensarlo en aquel cuarto oscuro.

Así que me lancé a la aventura, pero decidí no volver al mismo local, e ir probando otros sitios ahora que me había animado a salir de marcha por discos gay. La idea me vino mientras leía un periódico un día en el desayuno, y me quedé mirando los anuncios clasificados de contactos; siempre los de tipo gay están más escondidos, no sé por qué. Por eso me llamó la atención un cartel un poco más grande de lo normal, que anunciaba claramente un gabinete de masajes para hombres en exclusiva. Me resultó curioso y divertido, pero si he de ser sincero, fue mi polla la que decidió por mí, porque pensar en lo que podía pasar allí dentro me la puso dura de inmediato.

 

gay

 

Así que me lancé, conecté a su chat gay para hacer una reserva, me tomé el viernes por la tarde libre, y me encaminé hacia aquel lugar con una mezcla de excitación y también de intriga, porque nunca había estado en uno parecido ni conocía a nadie que lo hubiera hecho; claro que tampoco quise indagar mucho entre mis conocidos, porque la verdad es que me daba algo de pudor, ¿lo podéis creer? No me considero un tío cortón, pero está claro que no me conozco lo suficiente, jajaja.

El gabinete de masajes gay estaba situado en la primera planta de un edificio de oficinas moderno y con muchas medias de seguridad; al llegar al portal me pidieron el nombre y el DNI, y me preguntaron a dónde me dirigía, y tras llamar y pedir confirmación me dejaron pasar con mucha amabilidad. Subí la escalera y me encontré ante una puerta lujosa, y cuando me abrió el oficinista, un tipo que estaba bien bueno como no podía ser menos, también me gustó mucho su recepción y su sala de espera, decoradas con gusto y con muebles muy cómodos.

Así que allí estaba yo, esperando un poco nervioso ante lo que estaba por venir cuando por fin el recepcionista me indicó que podía pasar… y lo que pasó os lo contaré en otra próximo entrada.

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